CARADURA NO ES CARETA

Marcos López es un fotógrafo correcto. Él mismo lo dice en la entrevista que le hice el viernes pasado, y que aquí publico. En el fondo, sigue siendo aquel jovencito de Santa Fe posando junto a su ampliadora, bien peinado, expectante, tratando de huir del deseo paterno que lo imaginaba ingeniero civil.

Marcos nunca fue, ni será, un gran fotógrafo. En compensación, ha llegado a ser un gran artista. Pero su herramienta con la que se formó y trabaja principalmente sigue siendo la cámara (o el iPhone). Es un poco arriesgado denominarlo “gran artista”. Ustedes dirán: “no es para tanto, su obra no está en el MoMA, no está en el Malba, no es una estrella mediática”. No, no lo es si esos son los parámetros con los que medimos la grandeza de un artista en esta sociedad del postespectáculo.

Si tuviera treinta años menos, y viviera en París en los años 20 ó 30, seguramente tendría un futuro espectacular. Algo así como un Duchamp. Todo estaba por hacerse, todo se estaba haciendo en ese preciso momento. Marcos López nació a destiempo. Sin embargo, este desplazamiento extraño podría ser, paradójicamente, muy oportuno en estos tiempos donde lo que no hay son ideas, ni compromiso artístico unido a ellas.

“Yo puedo tener 50 ideas en 10 minutos” dice Marcos. Necesitaría un equipo de trabajo que fuera recogiendo esas ideas para elaborarlas y que él pudiera seguir haciéndolas crecer. Pero no tiene ese equipo. En mi opinión, no lo tiene porque es un gran artista. Su olfato comercial es nulo, inversamente proporcional a su “desesperada necesidad de comunicación”

En la entrevista ustedes verán a un hombre que es sincero con respecto a temas del mundo del arte que son muy sensibles. Su juego es ser irreverente, pero su impostura es auténtica. Como bien dice: “Yo soy, me hago, y me parezco”. En una palabra: es una suma de personajes que lo constituyen (como a todos) pero él no tiene problema en mostrarlo. Y eso a veces es imperdonable.

Cada encuentro con Marcos, y han sido varios en todos estos años de periodismo, resulta en un puñado de ideas nuevas, aunque hablemos de lo mismo una y otra vez. En esta ocasión hay un detalle que muchos han pasado por alto: Marcos ha perdido a su padre hace poco. Para todo hombre o mujer, perder al padre es un punto de inflexión en la vida difícil de atravesar. Marcos lo expone sin reparos y grita la evidencia que acompaña a esa pérdida: “estoy grande, y eso me desespera”.

Aquí les presento un artista con decenas de máscaras, y un solo rostro