La visibilidad de los pobres

El concurso mundial de World Press Photo anunció los candidatos a ganar los diferentes premios en las nueve categorías en que se divide el premio. Este anuncio es una innovación. Habitualmente, los premios se otorgaban  sin dar a conocer previsamente el nombre de los ganadores de la primera selección de los jurados.

Entiendo que la idea es dar más transparencia al certamen, pero por sobre todo, ganar un poco más de visibilidad púbica para dar a conocer los terribles acontecimientos por los que atraviesa nuestro planeta.

Encabezando este post, uno de los candidatos a “Picture of the year” la máxima categoría del WPP.  Toby Melville fotografió a esta mujer, socorrida por una transeunte, cuando un terrorista atorpelló a varias personas en un puente de Londres en marzo del año pasado. Los eventos terribles sobran! Es más, muchos de ellos se han trasladado de las regiones más pobres de Asia, Africa y América Latina, a las ciudades capitales  de los países más ricos del mundo. Así que  los aspirantes al premio ya no tienen que gastar tanto dinero en viajar a remotas locaciones, sino que simplemente tienen que salir con la cámara cada mañana, y esperar que pase lo peor…

En estos días, y no es por cambiar de tema, he estado viendo una serie de Netflix que se titula “Dirty Money” (trailer arriba), donde en cinco capítulos se nos muestra desde como Volswagen engañó al público y los controles de los estados diciendo que habían desarrollado el “diésel limpio”(y vendió miles de autos con esa mentira), hasta como el Banco HSBC se hizo el “pichoncito” frente a la justicia por la opacidad de sus operaciones en el mundo entero, lavando dinero del terrorismo internacional, los carteles de la droga, etc.

Las consecuencias para cada uno de los responsables de los cinco casos expuestos en “Dirty Money” no fue la cárcel. En la mayoría de los casos simplemente tuvieron que pagar una multa.

Ahora bien, y como no me canso de repetirlo, la institución más prestigiosa del mundo en fotoperiodismo, y quienes concursan en el certamen hace más de cincuenta años, buscan siempre lo mismo: mostrar a las víctimas, y nunca a los victimarios.

En esta época de postverdad, donde los gobernantes,  los empresarios y los poderosos en general, declaran son claramente engaños, o directamente delitos, pareciera que seguimos contribuyendo a nuestra buena conciencia con este tipo de fotoperiodismo que atrasa, que recurre una y otra vez a la “belleza” que se encuentra en  la destrucción y el suplicio de los inocentes, pero nunca muestra el cinismo y la perversión de los que provocan tanto sufrimiento

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