SUBLEVACIONES (DE OTROS)

Desde los hechos sucedidos en la Plaza de los Dos Congresos el 14 y el 18 de diciembre pasados, algo en mi hizo click. Y no fue una foto. Fueron varias

Las fotos que vi de mis colegas y de lxs colegas circunstanciales que hicieron videos donde mostraron la brutalidad policial de esos días, me hizo pasar a otro nivel de reflexión en lo concerniente a nuestra actividad como fotógrafxs. La verdad que en la década pasada, sin ser oficialista tampoco era opositor. Estaba un poco despreocupado por la memoria, nuestra memoria, porque sentía que había instituciones del estado que se estaban ocupando, y eso estaba bien. Así debía ser.

Ahora estoy alerta. En estado de alerta y juntando bronca. No puedo explicarlo bien, pero es más o menos así. Las acciones de este gobierno ya me empiezan a poner de muy mal humor. El buen humor, como bien lo dice Roberto Jacoby es una forma de resistencia. Y resulta que yo me pongo de mal humor. Algo no no anda bien.

Durante los últimos meses del 2017 tuvimos acá la muestra Sublevaciones, curada por Georges Didi-Huberman, prestigioso historiador del arte francés que nos visitó y dio unas cuantas charlas. Esa muestra, donde yo tuve la oportunidad de dar una visita guiada y un taller, tenía un capítulo amplio para las sublevaciones locales. Donde había muchas fotografías, además de otras obras. Había fotos de Eduardo Longoni, de Juan Travnik, de Eduardo Gil, y de otros más que ahora no recuerdo. Curiosamente, el curador no tuvo en cuenta la última gran sublevación en Argentina que ocurrió durante los hechos del 19-20 de diciembre del 2001. Se ve que para los franceses estas sublevaciones no cuentan. Tampoco había imágenes de las sublevaciones del pueblo argelino contra el ejercito de ocupación francés.

Pero a lo que voy con el recuerdo de esta muestra es que, finalmente lo que más cuenta como arte de una época determinada, son fotos. Simples fotos, de tan simples, que seguramente hubo muchas otras iguales o mejores que nunca llegaron a los ojos del curador. Es en este punto en donde me pongo a pensar en la “función social” de los artistas visuales. ¿Para qué estamos? (me incluyo!), ¿para hacer arte político de hace cuarenta años, o para salir a la calle y participar del grito colectivo de protesta?

Por esta y  otras muchas razones, decidí volver a dar un taller fotoperiodismo. Siempre pensé que lo documental está por encima de lo periodístico. Y además, aquí particularmente, es un género muy degradado. Pero viendo el nivel de actividad, de ganas y de curiosidad de tantxs jóvenes bien intencionadxs, me pareció que la contribución que puedo hacer es la de aportar la experiencia de mis años en diarios, revistas y agencias, e intentar otros caminos para romper este círculo vicioso por el cual todxs leemos la información que publican nuestros amigxs, y sucesivamente vamos construyendo una realidad virtual que estalla en pedazos en cuanto salimos a la calle. Y aún así seguimos soñando un fotoperiodismo romántico y ensayístico que murió hace más de veinte años, y que actualmente es sólo el negocio de algunos festivales europeos que se nutren de ingenuos fotógrafxs que sueñan cambiar el mundo, o tener una vida de aventuras.

Mientras escribo esto, me doy cuenta de lo desolador que puede parecer mi discurso. La idea que me impulsa es que podamos encontrar otras herramientas, menos pretensiosas y más efectivas para comunicar la realidad, aunque sea a unos pocos. Pero siempre siendo fiel a una de las premisas fundamentales del periodismo independiente, y que muy bien lo resumió hace muchos años George Orwell:

“Si la libertad tiene algún significado, es precisamente el derecho de decirle a la gente lo que no desea escuchar”

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